
En condiciones normales, Claudia hace de 10 a 15 minutos de su casa al trabajo. Es afortunada, pues hay quien cada día tiene que atravesar la ciudad para llegar a trabajar y pasar hasta dos horas a bordo del transporte público. Todo depende de la hora, el flujo vehicular, los congestionamientos, las marchas, los accidentes y un largo etcétera de cosas que pueden suceder en una ciudad con más de 20 millones de habitantes.
Pero volvamos al caso de Claudia. El trabajo le queda a 10 minutos de su casa en transporte público. Antes de llegar a la oficina, a las 7:30 AM, deja a su hija en la escuela. Todo este proceso implica tomar dos rutas de microbús en un horario “pico”, en el que coinciden la entrada de los estudiantes a las escuelas y de los oficinistas al trabajo.
En uno de sus transbordos, el de la ruta 6, Claudia tiene que esperar cuando menos diez minutos, porque indebidamente los choferes han decidido instaurar una “base” prohibida en el cruce de Eje 5 y Avenida Cuauhtémoc.
Mientras espera a bordo del micro a que éste se llene, observa a su alrededor: al igual que ella, en las caras de muchos, sino es que en el de la mayoría, hay una expresión de impaciencia, desesperación, enojo… pero nadie dice nada.
Durante una semana hace el ejercicio de observar la actitud de la gente. Todos los días es lo mismo: caras largas, gente molesta, desesperada, impaciente, impotente… y, pese a ello, nadie dice o hace nada. Piensa que quizás es porque la gente no sabe que lo que los choferes hacen está prohibido; pero también concluye que la actitud tiene que ver con que todos estamos acostumbrados a aceptar que las cosas sucedan así nada más, sin reclamar sus derechos.
Si en algo tan sencillo, como el microbús, nadie toma la iniciativa para exigir al chofer que respete su tiempo, ¿es extraño que no pidamos cuentas a nuestras autoridades, que dejemos que el tiempo transcurra y sólo nos quejemos y lamentemos interiormente, y que por eso no participemos activamente en el mejoramiento de nuestra ciudad?
¿Qué hace falta para que tomemos la iniciativa y nos decidamos a cooperar para mejorar nuestro entorno?
La respuesta está en nosotros mismos, nada más hace falta reconocerlo y empezar a actuar. Comencemos en nuestro entorno inmediato, como el microbús. Pero también vayamos hacia algo más grande y que traiga beneficios para más gente.
La elección de Comités Ciudadanos y Consejos de los Pueblos está a la vuelta de la esquina y es una oportunidad que no debemos dejar pasar.
En todos nosotros está la decisión de participar activamente en el mejoramiento de esta ciudad o sentarnos a ver cómo los partidos políticos se apropian de estos valiosos espacios. ¡Participemos!
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