viernes, 1 de octubre de 2010

Las desgracias nos unen ¿por qué no también el bien común?

Ante las desgracias, los mexicanos siempre hemos demostrado que podemos organizarnos por un bien común. El ejemplo más claro y cercano es la devastación ocasionada por el huracán Karl en varios estados de la República pero, sobre todo, en Veracruz.
La ayuda no se ha hecho esperar y tanto en escuelas como en oficinas públicas, privadas y autónomas se han organizado o improvisado centros de acopio para apoyar a los paisanos en desgracia. Algunos se cuestionan si su aportación llegará a las manos adecuadas, si las donaciones no se convertirán en moneda de cambio: ayuda por votos.
Es por eso que la participación ciudadana no debería limitarse a cooperar o donar cosas sin saber si llegarán a su destino ¿Qué certeza tenemos de si lo que llevamos a algún centro de acopio llegará a manos de los afectados?
¿Es posible crear mecanismos para comprobar que la ayuda llegue a su destino?
¿Cómo?
Sólo hay una forma se saberlo y es organizándonos, exigiendo cuentas a las autoridades. Y eso mismo deberíamos hacer como una práctica común, no sólo cuando se presenta una emergencia como esta.
Eso es precisamente lo que se pretende lograr con los Comités Ciudadanos y Consejos de los Pueblos. No sólo podrán intervenir en la propuesta de soluciones a los problemas de su comunidad, sino que le darán seguimiento a las demandas e informarán de ello a sus vecinos representados.
Vale la pena intentarlo ¿no?

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