Las desgracias nos unen ¿por qué no también el bien común?
Ante las desgracias, los mexicanos siempre hemos demostrado que podemos organizarnos por un bien común. El ejemplo más claro y cercano es la devastación ocasionada por el huracán Karl en varios estados de la República pero, sobre todo, en Veracruz.
La ayuda no se ha hecho esperar y tanto en escuelas como en oficinas públicas, privadas y autónomas se han organizado o improvisado centros de acopio para apoyar a los paisanos en desgracia. Algunos se cuestionan si su aportación llegará a las manos adecuadas, si las donaciones no se convertirán en moneda de cambio: ayuda por votos.
Es por eso que la participación ciudadana no debería limitarse a cooperar o donar cosas sin saber si llegarán a su destino ¿Qué certeza tenemos de si lo que llevamos a algún centro de acopio llegará a manos de los afectados?
¿Es posible crear mecanismos para comprobar que la ayuda llegue a su destino?
¿Cómo?
Sólo hay una forma se saberlo y es organizándonos, exigiendo cuentas a las autoridades. Y eso mismo deberíamos hacer como una práctica común, no sólo cuando se presenta una emergencia como esta.
Eso es precisamente lo que se pretende lograr con los Comités Ciudadanos y Consejos de los Pueblos. No sólo podrán intervenir en la propuesta de soluciones a los problemas de su comunidad, sino que le darán seguimiento a las demandas e informarán de ello a sus vecinos representados.
Vale la pena intentarlo ¿no?
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